…Para miedos.

Soñé que llegabas del trabajo y te quedabas en la puerta mirándome, como haces en mis sueños cada mañana al despertar. Que me tocabas con la guitarra esa canción que me gusta tanto y que, casi sin querer, habla de nosotros. Que la repetías una y otra vez porque sabes que, si no la canto en la ducha, la canto en el coche.

Soñé que pasabas a buscarme y nos perdíamos juntos entre la gente, pero siempre de la mano. Que en vez de huir del miedo nos enfrentábamos a él sin que importase lo que dice, o no, la gente.

Soñé que nuestras piernas se enredaban a escondidas y nuestros lunares se unían formando una constelación única. Que el brillo del sol que traspasa las persianas te daba directamente en la cara y te hacía aún más guapo. Aunque no sé que me hace pensar que eso no fue un sueño.

Soñé que besaba cada arruga de tu piel y que te retorcías en la cama mientras mis pies te hacían cosquillas. Que me cogías en brazos y me llevabas a desayunar besos. Y helados, aunque no sea el mejor desayuno de todos.

Soñé que hablábamos de la Luna, como si alguna vez hubiese sido importante para nosotros y yo no me hubiera dado cuenta. Que el edredón puede ser el hogar más dulce de todos. Y tú, puedes ser mi casa.

Soñé que te contaba cada uno de estos sueños pero la realidad es que, al final, siempre me quedo callada.

Anuncios
Publicado en Relatos | Deja un comentario

…Para dudar.

En el momento más oportuno llegaste sustituyendo todo eso que un día hizo daño por sonrisas y alguna que otra promesa de esas que sabes a ciencia cierta que sí se cumplirán. ¿Lo mejor? Que no pediste nada a cambio.

Me bastó mirarte durante unos segundos para darme cuenta de que, esta vez, iba a salir bien. No hicieron falta palabras, porque, de alguna manera, nuestros ojos se entendieron sin esfuerzo. Hacía tiempo que nadie entraba tan dentro de mí, pero tú lo hiciste y lo pusiste todo patas arriba, sin pedir permiso.

Y yo ahora me pregunto… ¿cómo pierdo todos mis miedos? ¿Cómo hago para olvidarme de todas esas heridas que un día abrieron a conciencia? ¿Quién va a ayudarme a dejarme llevar y a volar lejos de todos esos monstruos?

Publicado en textos | Deja un comentario

No hay tiempo cuando sobran las palabras.

Sobran las palabras cuando te miro y me descubres.

Sobran cuando me haces reír sin más, sin que tenga existir un motivo.

Sobran cuando me haces cosquillas y me retuerzo a tu lado.

Y cuando te enfadas sin que yo te diga nada y me haces enfadar a mi.

Sobran las palabras cuando llegas a casa e incluso antes de quitarte la chaqueta, me das un beso.

Sobran cuando te quejas de la cena y cuando me traes el desayuno a la cama.

Sobran cuando te hablo muy seria y te ríes sin que yo sepa, después de tanto tiempo, por qué.

Y cuando intentas robarme el sueño e intento convencerme a mi misma de que lo mejor es que dejes de abrazarme.

Sobran las palabras cuando intento deshacerme del mundo y eres capaz de comprender mi silencio.

Sobran cuando un beso habla.

Cuando una mirada habla.

Cuando nuestras manos se rozan.

Cuando te muestro mis flaquezas y no las usas en mi contra.

Sobran las palabras cuando no invades mi espacio sin que te lo pida.

Sobran cuando me haces mi comida favorita cuando discuto contigo.

Cuando me recoges en coche del trabajo y no te hablo en todo el camino.

Cuando solo una caricia es suficiente para entender todo lo que ocurre entre nosotros.

Cuando sabes, sin decirlo, que te quiero…

Y a pesar de todo, lo digo.

Publicado en Relatos | Deja un comentario

…auto-dañarse.

Continuó como continúan todas esas cosas que sabes que tienen un final, pero te niegas a admitirlo. Haciendo lo imposible para que no termine, agarrándote a cada hilo de cuerda para no caerte. Utilizando hasta el último recurso y engañándote a ti mismo minuto tras minuto.

No te das cuenta de que en algún momento has de frenar, pararte y pensar hacia dónde te lleva todo eso. Reflexionar sobre si realmente quieres llegar al sitio hacia el que estas caminando, cuando sabes de sobra que al final de ese camino no hay nada ni nadie que te esté esperando. Solo tú.

A veces nos obcecamos en mantener a nuestro lado personas que no aportan nada a nuestra vida, que solo restan. Lo sabemos con certeza, pero no somos capaces de poner punto y final y alejarnos. Es más, hacemos todo lo contrario y eso acaba haciéndonos más daño aun con el tiempo.

Parece fácil decirlo en alto, pero al intentar llevarlo a cabo nos damos cuenta de que nada es como parece. Y una vez que lo consigues esperas ese cambio rápido y directo… pero de repente solo estás tú, rodeado de silencio.

Publicado en Relatos | 2 comentarios

…re-descubrirte.

A veces, pasamos por etapas tan inestables emocionalmente que nos acabamos conformando con cualquier cosa. Nos agarramos al primer clavo que aparece con la esperanza de no ahogarnos y lo que no sabemos es que, por no esperar el adecuado, ese clavo puede hacer que nos hundamos más aún.

Tenemos demasiada prisa en alcanzar lo que soñamos y no somos capaces de disfrutar el camino, de observar todo aquello que está a nuestro alrededor. No tenemos la capacidad de esperar.

A veces, deseamos algo con tanta fuerza, que nos olvidamos de nosotros mismos, que, al fin y al cabo, somos lo más importante.

Nos cuesta entender que antes de conseguir eso que tanto queremos debemos estar en armonía con nosotros. Debemos dejar claro lo que queremos conseguir, pero también debemos marcar los límites que no estamos dispuestos a sobrepasar. Y uno de esos límites, es el amor propio. Es necesario dedicarnos tiempo, conocernos profundamente y aprender a querernos tal y como somos.

En general, todos pensamos que sabemos quiénes somos y hacia dónde vamos… pero si te paras a pensarlo fríamente, te darás cuenta de que dentro de ti hay demasiadas preguntas a las que todavía no has sido capaz de responderte.

Y pensarás que en algún momento de tu vida alguien aparecerá con todas esas respuestas. Pero lo que no sabes es que el único capaz de conseguirlas… eres .

music-sheet-confetti

Publicado en Relatos, Sin categoría, textos | 1 Comentario

…para pensar.

Por fin, decidí salir de esas cuatro paredes y enfrentarme al silencio que dejaste en nuestra casa. Caminé por ese pasillo durante unos minutos, aunque si te soy sincera me parecieron horas. Siempre me había creído el cuento de que nadie es imprescindible, pero la verdad es que tu entraste en mi vida arrasándolo todo sin ni si quiera preguntar. Y casi sin darme cuenta te convertiste en todo eso que tanto tiempo negué.

Había escuchado hablar de ese vacío antes. Nunca me creí del todo las historias que contaban sobre él. Nunca hasta hoy. Antes me parecía imposible que alguien pudiese mover tantas cosas dentro de ti con una simple decisión: desaparecer de tu vida para siempre. Pero la realidad es que cuando alguien al que quieres se marcha sin ninguna explicación todo tu mundo se viene abajo y nada de lo que normalmente tendría sentido lo tiene. Ni si quiera las cosas más simples.

En cuanto cerraste la puerta, algo dentro de mi decidió que nada era lo suficientemente importante para seguir. Nada excepto tú. Pasaron semanas hasta que mi cuerpo y mi mente fueron asimilando que no ibas a volver. Aun así, el simple sonido del timbre o del teléfono hacían que mi corazón se acelerara con la esperanza de que el que estuviese al otro lado fueses tú. Pero nunca lo eras, ni lo serás.

Solo en mis sueños conseguía tenerte de vez en cuando. Y entonces despertar era el peor trabajo del mundo. Con el tiempo, también fuiste desapareciendo de mis sueños. Supongo que esto pasó porque llegó un momento en el que no era capaz de recordar tu cara, ni tu forma de caminar… ni si quiera podía acodarme de tu voz. Pensé una y un millón de veces en mirar nuestras fotos y recordarte, pero mi mente luchaba sin fuerza para borrar esa idea de mi cabeza lo antes posible. ¿Cómo iba a olvidarte si me obligaba a tenerte siempre ahí?

No te voy a mentir, fue un proceso duro. Me costó reinventarme y volver a hacer de mí la persona que era antes de que aparecieses en mi vida. Aunque en realidad, nunca seré la misma. Tú te fuiste y no miraste atrás, pero dejaste muchas cosas aquí de las que me costará mucho deshacerme. Y te llevaste partes de mi que no sé si seré capaz de recuperar algún día…

Publicado en Relatos, Sin categoría, textos | 2 comentarios

… para llorar.

Nunca tuvimos una relación muy estrecha. De hecho, pocos recuerdos cariñosos tengo por tu parte. Si pienso en ti y en cuando era pequeña siempre se me viene la misma imagen a la cabeza: tú tirándome de las orejas y haciéndome rabiar. Supongo que esa era tu forma de expresar lo que sentías. Y ahora, que cada día es una nueva lucha por seguir teniendo la oportunidad de que estés aquí… lo echo de menos. Nunca te he dicho que te quiero y posiblemente me arrepentiré de no haberlo hecho a tiempo, pero lo cierto es que, aunque en el fondo de mi me hubiese gustado que hubieras sido de otra forma… sí que te he querido. Supongo que eso tú ya lo sabes, eres experto en no decir lo que sientes. A veces me pregunto a quién habré salido…y mi cabeza se contesta sola pensando en ti.

Has sido terco. Muy terco. Odiaba y odio cuando quieres llevar la razón. Con otros lo tienes más fácil, pero sabes que conmigo no. No te la daré y eso te rabiará más.

Has sido picón. Muy picón. No has parado de decirme cosas que sabías que no me gustaban hasta hacerme enfadar. A veces pienso que era la forma que tenías de decirnos que querías que triunfáramos, que llegáramos a algo en la vida. Otras veces lo dudo, pero prefiero quedarme con el primer pensamiento.

Has sido gruñón. Aun me recuerdo jugando con mis primos y tú, a lo lejos, quejándote. Nunca has soportado las jugarretas de los niños. Y en esa casa tan pequeña y con tanta gente… era casi un imposible librarte de ello.

Has sido poco o nada cariñoso. Ni te culpo ni te guardo rencor. Marcaste una barrera que para mí era muy difícil saltar. Me hubiese gustado decirte muchas cosas. Darte más de los besos que te di. Abrazarte más de lo que te abracé. Pero supongo que de otras maneras yo y todos te hemos demostrado lo mucho que nos importas.

También has sido generoso. Todo lo que te has ganado tú solo en la vida lo has compartido con tu familia. Has hecho todo y más porque a ninguno nos faltara de nada. Y aunque no lo creas, todos valoramos esos gestos que son los que nos demuestran que siempre nos has querido. Y por eso, me quedo con todo lo bueno que de alguna manera nos has dado.

Aunque ya ha sido demasiado tiempo y nos ha dado tiempo a asumirlo… es imposible no entrar en casa y notar tu ausencia. Solo espero que de alguna forma desde donde estés me cuides, porque, aunque no lo creas yo siempre te tendré en mí.

Te quiero abuelo, y ahora, por fin, sé que lo sabes.

(Tenía que contarte que en el cielo no se está tan mal…)

Publicado en Sin categoría, textos | Etiquetado | 2 comentarios